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El “arete guasu” no es como antes

El “arete guasu” no es como antes

En pleno Jueves Santo, la cabecera del Puente de la Amistad se convirtió en el escenario de un ruidoso espectáculo, con presentaciones de danza paraguaya, música, alegoría de muñecos taiwaneses, entre otros. Funcionarios de varias instituciones públicas, además de representantes de gremios de comerciantes y empresarios, trabajaban afanosamente para entregar chipas, plantines y trípticos con informaciones turísticas a los que pasaban por la zona primaria.
Hace seis años que la Semana Santa es motivo de una fiesta para quienes impulsan la campaña denominada “Buen anfitrión”, que tiene como objetivo brindar una cálida recepción a los visitantes y de esa manera dejar una buena impresión.
El ambiente me remontó a épocas de cuándo era muy mal visto trabajar en un arete guasu, como los feriados santos. Los niños no debían correr, no se debía levantar la voz, no se podía escuchar música e incluso nos advertían de las consecuencias más atroces si desobedecíamos esta regla.
Mucha gente se queja de la forma en que se vive la Semana Santa en estos días. Lamentan que ya no se respete como antes, pues en estos tiempos para muchas personas son días laborales normales; para otros, una oportunidad de mejorar sus ventas, e incluso para hacer turismo u otras actividades de ocio.
Es cierto que ya no es como antes, pues el tiempo no pasa en vano: se incorporan nuevos conocimientos, nuevos hábitos. Las necesidades son diferentes, y dos días de inactividad no es lo mismo hoy de lo que significaba hace 20 años. Posponer una carpida dos días no es lo mismo que un centro comercial o parque turístico permanezca cerrado dos días y en pleno feriado, cuando podrían ser sus días de mejor venta.
Debemos comprender que estamos en constante cambio, adaptarnos a las nuevas formas de vida. Esto también implica una mayor tolerancia, y tratar de entender las nuevas necesidades del otro; no limitarnos a juzgar la forma de vivir del otro.
El arete guasu ya no es como antes, ya no será como antes, y no nos queda más que asimilar los nuevos tiempos y practicar la tolerancia. Cada uno vive a su manera, y si necesita pasarla bailando, pues acompañemos de la mejor forma que nos parece, con unos pasos, con aplauso, con el silencio o si preferimos incluso la ignoramos que es mejor que criticar y juzgar a los demás.

Por Tereza Fretes Alonso.

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