Riqueza de las naciones y fusilamientos

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Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones es el nombre de uno de los primeros libros de Economía Política de la Historia. Su autor, un tal de Adam Smith, continúa siendo olvidado por todos, por más beneficioso y sencillo que parezca todo lo que plantea.
La Riqueza de las Naciones, como es más conocido este histórico material, analiza puntos como la división del trabajo, la moneda, el mercado, las mercancías, los precios, los salarios, la acumulación de capital y detalla cómo una región puede mejorar la calidad de vida de sus habitantes respetando solo unos sencillos protocolos basados en el orden natural, entre lo que se destaca que: cada uno ejerciendo su interés individual en un ambiente de libre empresa, libre competencia y libre comercio colabora al bien común de toda la sociedad.
Esta conclusión nos puede parecer un poco rara ya que poco o nada se analizan a profundidad las repercusiones de estos postulados. Creemos aún en la fantasía de que un salvador de la patria aparecerá y que por arte de magia hará funcionar las instituciones, mejorará los salarios y optimizaría nuestras condiciones de vida. Continuamos teniendo fe en los líderes, en los caudillos.
Es una apetecible receta, son propuestas vendibles. No obstante la realidad es muy distinta. La receta mágica está repartida entre todos y se deben crear condiciones para que todos colaboremos con las soluciones en nuestros limitados campos de conocimiento y acción.
En el campo práctico, la calidad de vida de los países que lideran el índice de libertad económica es envidiable. No pasa por el método de elección de las “autoridades”, más controles, más cárceles o los fusilamientos en plazas públicas. Ni pasa por personas específicas. Dependerán única y exclusivamente de las verdaderas instituciones que se formen en el contexto ya explicado por Smith más de 200 años atrás, no hay de otra.

Jorge Alcaraz, profesor de Filosofía.

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