Terreno fértil

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Un sangriento enfrentamiento entre reclusos se registró el domingo pasado en la Cárcel Regional de San Pedro. Esto derivó en la muerte de diez internos, entre decapitados, baleados, apuñalados y calcinados. El enfrentamiento fue protagonizado por presos del Primer Comando Capital (PCC) y el clan Rotela.

El hecho derivó en la destitución del director del penal de San Pedro, Wilfrido Quintana, y el director de Establecimientos Penitenciarios, Blas Martínez. Además, permitió que se descubriera una “casa de campo” construido en el patio del penal, donde vivían poderosos criminales junto a su familiares, que es como un símbolo de la alevosa corrupción en las cárceles.

Esta masacre se veía venir, y era totalmente prevenible, pues las provocaciones entre los miembros de las citadas bandas criminales data de hace varios meses.
Cada vez que ocurren amotinamiento, muertes y otros escándalos se hacen cambios de autoridades y se toman algunas medidas parche, pero al poco tiempo todo sigue igual.

No se analizan cuáles son las causas de la corrupción y los malos manejos en las penitenciarías. Tampoco se buscan respuestas a los motivos de la superpoblación carcelaria en nuestro país, pues cuando más repletos están los penales, más se lucran de forma ilegal a costa de los presos.

La corrupción, amotinamiento, la superpoblación en las cárceles, no son el problema en sí, sino las consecuencias de una grave falla en la política criminal.

Mientras se sigan aplicando soluciones parche, a corto plazo, sin buscar soluciones definitivas, el problema seguirá creciendo y, a su paso, causando más muertes.

El país necesita una política criminal enfocada a reducir la delincuencia, ofreciendo mejores oportunidades a los jóvenes; a la reducción de la población penitenciaria, evitando los abusos de la prisión preventiva como se está haciendo en la actualidad, entre otras medidas.
Además, se debe frenar la importación de criminales desde Brasil, quienes gracias a la corrupción, impunidad e incluso la complicidad de jueces, fiscales y policías, encuentran en nuestro país un campo fértil para delinquir.

Se le está dejando mucha cancha libre, dentro y fuera de las cárceles, y seguirán tomando el control de terrenos hasta el punto de que el avance sea incontrolable.

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