Creímos que eran dos, había sido eran tres

Dos proyectos tratados en las cámaras del Congreso acapararon la agenda de los medios de comunicación: la aprobación del salario mínimo para las domésticas en Diputados y la reforma tributaria en el Senado.
Estos proyectos originaron varios debates durante la semana, coparon la atención de todos.
Sin embargo, la Cámara de Diputados trató un tema de suma relevancia, del que nadie habló, ni aparentemente nadie se preocupó; aprobaron la versión del Senado la ley que reglamenta la Pérdida de Investidura, el Autoblindaje.
La Cámara Alta le había dado media sanción a la mencionada ley el pasado 9 de mayo, la cual establece la mayoría absoluta de votos para que un parlamentario pueda ser destituido.
La necesidad de la mayoría absoluta de los votos (23 votos en el senado y 41 votos en Diputados) para quitar de su curul a un legislador, es sinónimo de impunidad para los requeridos por la justicia, más todavía con la vigencia del pacto azulgrana.
Felices deben estar nuestros legisladores locales, el senador Javier Zacarías Irún y el diputado Carlos Portillo, quienes están atornillados y no se les ha podido sacar ni con una mayoría simple (13 y 22 votos) respectivamente.
La ley del AUTOBANDIDAJE no es más que un salvataje entre colegas. Hasta hoy el poder del pueblo, ejercido a través de movilizaciones y escraches masivos, fue la única manera de mandar a sus casas a los impresentables. Los ciudadanos debemos permanecer más despiertos para evitar que nos enchufen resoluciones como autoblindaje e impuestazo tal como pasó el pasado miércoles.

Por Derlis Lezcano.

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