Robar la merienda

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Es harto conocido el nivel casi inimaginable de corrupción incrustado dentro del aparato estatal. Los casos se dispersan en todos los ámbitos posibles, e involucran a políticos, funcionarios públicos, y de igual manera a seudoempresarios.

Es prácticamente absurdo creer que una persona que dependa exclusivamente en materia salarial del erario público, incremente repentinamente su patrimonio a niveles estratosféricos en comparación con cualquier ciudadano de bien. Si esto fuera posible honestamente, estos individuos ya estarían siendo nominados al Nobel de Economía o como mínimo dando cátedras de finanzas en las mayores universidades del mundo, explicando cómo multiplicar recursos sin generar nada de valor. Estos repentinos millonarios, que más bien no pasan de mafiosos y ladrones, en la mayoría de los casos se encuentran relajados, disfrutando de sus bienes, y en cargos públicos, sin al menos preocuparse con lo que nuestra también corrupta justicia pueda llegar a hacer.

Esta capacidad despiadada de robar no tiene límites. Llega a situaciones extremas, puesto que ni llegan a perdonar a la clase más vulnerable de nuestro país. Niños humildes de diversas escuelas se encuentran beneficiados con meriendas y almuerzos escolares. Sin embargo, no es posible ejecutarse estos o se realiza de manera paupérrima a causa de estos impresentables.

Aunque el presupuesto en este caso no sea el problema, la cuestión pasa por los llamativos costos de las provisiones alimenticias.

Tal es el caso de la Gobernación del Alto Paraná, puesto que haciendo un comparativo entre las adquisiciones realizadas por el exgobernador, el actual diputado Justo Zacarías Irún, con la actual administración a cargo de Roberto González Vaesken, se puede dimensionar un sobrecosto promedio del 100% en la administración del primero. Una chipita pasó de costar G. 1.180 a tan solo G. 515 la unidad, una galletita de G. 659 a G. 340 y este promedio se mantiene en otros rubros.

En casi todos los municipios y gobernaciones de la república hay negociados con la merienda escolar. Este rubro se convirtió en la mina de oro de familiares y amigos de políticos, que crearon seudoempresas para enriquecerse con este rubro. Todos los años se repite la misma historia, sin que los organismos de control y la justicia reaccionen para procesar a los delincuentes que roban la merienda a los niños.

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