Sin pan pero con circo

Una vez más toda la población paraguaya y por consiguiente el mundo fue testigo de otro vergonzoso espectáculo ocurrido dentro de nuestro mal llamado “honorable” Congreso Nacional que continúa siendo una fábrica de burlas para todo ciudadano de bien de este país.

Los senadores Paraguayo Cubas (CN) y Enrique Riera (ANR) fueron protagonistas de un bochornoso episodio en el cual se tomaron a golpes en plena sesión del Parlamento ante la atónita mirada de todos, razón por la cual tuvieron que suspender el encuentro legislativo ante la inviabilidad de dar seguimiento en un ambiente más parecido a un presidio o un encuentro pugilístico, que un lugar en donde se toman las decisiones más importantes que atañen a la nación.

No es la primera vez que esto ocurre dentro de nuestro ya tan desacreditado Poder Legislativo, sino más bien ya es una costumbre ver a nuestros legisladores cometer actos disparatados que, antes que ayudar, nos catalogan aún más como un país poco serio, más cercano a la barbarie que a la civilización.

Nuestros representantes políticos aún creen que vivimos en tiempos del oscurantismo, equivocadamente piensan que la ley de la selva y la del más fuerte se encuentran vigentes, imaginan que los gritos y las acusaciones desbocadas son sinónimo de valentía. No saben estos que solo colaboran con estos absurdos actos para condenarnos aún más a una república bananera, que no respeta las instituciones y se aleja cada vez más de los senderos de los países que crecen y hacen bien las tareas.

Mientras que el circo creado por estos personajes retumba en todos los debates, silenciosamente por debajo de la mesa del Congreso siguen cocinándose todo tipo de negociados en los más variados ámbitos institucionales del país, continúa el caso omiso a todo tipo de corrupción y tráficos de influencias, persisten las sobrefacturaciones, y no nos olvidemos de altas asignaciones salariales y contrataciones sin justificativo a expensas de un presupuesto ya abultado que no alcanza para nada.

La República del Paraguay necesita de hombres decentes, serios, honestos y comprometidos verdaderamente con los principios democráticos que deben regirnos. Es imperativo que los ciudadanos ya no perdonemos estos tipos de actos que en el fondo nos condenan a mayor pobreza y solo alimentan el debate estéril y sin sentido que vivimos día a día. El circo debe terminar.

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