Decepción


A menos de un año de su mandato, el gobierno del presidente Mario Abdo Benítez está cayendo en picada, fruto de su absoluta falta de liderazgo, de un gobierno sin resultados y, sobre todo, de fuerte sospechas de traición a la patria. Está llegando al punto de una grave crisis social y política, que se desató por la firma de un acuerdo de venta de energía de Itaipú a Brasil, en que la ANDE renunciaba a la compra de energía más barata. El acuerdo fue anulado, y es lo menos que se debía hacer en un primer intento de calmar las aguas, ante la amenaza de un juicio político.

Hasta ahora, el Presidente mandó al frente a todos sus asesores, alegando que no estaba en conocimiento de los detalles de la negociación técnica. Si bien es cierto que es posible que el Mandatario no haya tenido conocimiento de los detalles de las negociaciones, es el responsable por tener en su entorno a personas inescrupulosas que son capaces de rifar los intereses de la República. Peor aún fue cometer la idiotez de querer tapar el sol con un solo dedo y subestimar a la ciudadanía, al ocultarle el trato. Se reveló que en todo este tiempo estuvo mintiendo a la sociedad paraguaya, defraudó la confianza de toda la ciudadanía que confió en su promesa de defender los intereses del Estado paraguayo. A esto se debe sumar que tiene de vicepresidente a Hugo Velázquez, artífice del trato de Itaipú, mediante un intermediario de poca monta.
El presidente de la República, Mario Abdo Benítez, decepcionó de todas las formas que pudo decepcionar.

Si pasa esta tormenta, es decir, si se salva del juicio político, será gracias a su sumisión al cartismo; y se convertirá en un Presidente títere, que pasará los próximo años pagando los favores que recibió para mantenerse en el poder.
Mientras todo esto se roba la atención y la agenda del país, cientos de problemas siguen esperando alguna solución: los hospitales desabastecidos, las comunidades aisladas por falta de camino, la crisis económica en las ciudades de frontera, escuelas en mal estado y sin docentes con rubros, entre otros.

Ni Mario Abdo Benítez ni Hugo Velázquez son dignos de representar a la sociedad paraguaya, y si tuvieran un mínimo de decoro y vergüenza por provocar esta conmoción nacional, ya hubieran dado el paso al costado. Este escándalo reafirma que la sociedad paraguaya ya no está para pasar por alto las ineptitudes de sus autoridades.

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