El hurrero

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De un tiempo a esta parte, el presidente de la república Horacio Cartes ha intensificado sus actividades en cuanto a inauguración de obras públicas, coincidentemente con el periodo electoral.
No es novedad en nuestro país el manejo de los caudillejos que siguen aprovechándose de la ignorancia y las necesidades de nuestra gente, presentándose como solidarios y dadivosos con el dinero de los contribuyentes. Cartes, quien desde un principio se presentaba como un empresario, alejado de la politiquería y los seccionaleros, lo cual le significó un gran respaldo de la ciudadanía, desafortunadamente no ha sido la excepción. En su desesperación por instalar la candidatura de su títere, Santiago Peña, y su deseo exasperado por seguir controlando el poder, se ha convertido en un seccionalero de la más baja ralea.
Los presidentes anteriores lo hicieron, lo hicieron y lo hacen intendentes y gobernadores. Utilizan las obras públicas pagadas con la plata de toda la ciudadanía, para promocionar candidaturas y catapultarse para ocupar espacios de poder, con el objetivo único de mantener sus privilegios. Por lo menos los anteriores presidentes lo hacían de forma solapada. Sin embargo, Horacio Cartes, con la petulancia y la soberbia que lo caracteriza, convierte los actos oficiales y las inauguraciones de las obras públicas en mitines políticos. Ni en la época del tristemente célebre “cuatrinomio de oro” se procedía de forma tan descarada de los bienes públicos.
El Presidente se jacta de que su gobierno es transparente y de su combate a la corrupción. El Presidente debe entender que cuando utiliza los recursos públicos para beneficiar a un sector está cometiendo un acto de corrupción, como también lo es el hecho de que en horario de oficina, cuando debería estar administrando la república, esté haciendo campaña política por todo el territorio nacional.
El presidente Cartes y sus seguidores siguen subestimando al ciudadano paraguayo. No ha logrado entender con sus sucesivas derrotas ante la opinión pública, de que ya no se les vende gato por liebre a los paraguayos. Lo único que está logrando el presidente en su desesperado intento de seguir controlando el poder, es el aumento progresivo del rechazo hacia su persona y su gestión. Como otro presidente está desaprovechando la excelente oportunidad de dejar el Palacio de López como un estadista. Terminará su gestión como un simple hurrero. Lamentable.

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