Habló el soberano

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Las elecciones internas de los dos partidos tradicionales dejaron un claro mensaje de la ciudadanía a los delincuentes de la política. Ayer perdieron los que subestimaron a la ciudadanía, los que creyeron que con el dinero se podía comprar conciencia y la dignidad de los paraguayos. Perdieron los violadores de la Constitución y sus cómplices, y los que pactaron con los padrinos que manipulan la justicia y pudren las instituciones de la República. Perdieron los extorsionadores y los que quieren mantener a los funcionarios públicos bajo un régimen de esclavitud, los que creen que con el chantaje, las amenazas y el miedo pueden seguir sometiendo a la mayoría, mientras ellos gozan y exhiben groseramente la riqueza acumulada gracias a sus negociados.

El gran ganador, una vez más es la ciudadanía, que demostró su gran cultura cívica al acudir pacíficamente a depositar su voto por los candidatos de su preferencia. No se registraron mayores incidentes, salvo las denuncias de último momento, realizadas por los referentes del movimiento Colorado Añetete, sobre un intento de fraude y manipulación de los resultados. Existen graves hechos que deben ser investigados a profundidad. La mafia que hace años domina el Alto Paraná y pudre nuestra sociedad, estuvo a punto de robar la voluntad popular. Eso no debe quedar impune. Los fiscales sometidos y pusilánimes también tienen que sacar sus conclusiones a partir de estos resultados y es que la sociedad les está pidiendo que hagan su trabajo, combatan la corrupción y limpien las instituciones. Si no lo hacen, esta misma ciudadanía más temprano que tarde les pasará la factura.
La ciudadanía envió un claro mensaje a la clase política. El país necesita urgentemente sanear sus instituciones y, sobre todo, sanear la oferta política. Está claro que en todos los movimientos, agazapados en las listas sábanas están los mismos de siempre. El mensaje dado en las urnas es que los paraguayos están cansados de los políticos que ignoran las necesidades ciudadanas. La sociedad quiere cambios profundos y recuperar la decencia.
Es de esperar que los dirigentes políticos reciban el mensaje ciudadano y rectifiquen rumbos, que los partidos comiencen a sanear sus cuadros y mejoren su oferta política y que por fin podamos construir instituciones sólidas, donde la justicia realmente sea una garantía para el indefenso y no un garrote para perseguir a los decentes. Ese fue el mensaje de las urnas. Habló una vez más el soberano.

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