Esperanzas del verdadero cambio

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Termina un año que ha sido particularmente difícil para nuestra región. Fue un año que hemos perdido tiempo en disputas estériles, donde el gran perjudicado es una vez más el ciudadano común, ese que paga sus impuestos, que sufre los malos tratos en los hospitales, la falta de medicamentos, los precarios servicios de transporte y otras consecuencias de la corrupción. Fue un año en que importantes sectores del departamento del Alto Paraná continuaron postergados, por la única razón de que sus intendentes no responden a la línea política del gobierno central y del gobierno departamental.
En el sector productivo se puede decir que las cosas fueron un poco más benignas, dado que a pesar de que se registraron heladas y temporales, los grandes productores están logrando buenos resultados y hay buenas perspectivas para la comercialización. No fue así con los pequeños productores, quienes habitualmente tienen menos recursos y están más desprotegidos. Estos fueron muy afectados por las heladas y sufrieron grandes pérdidas, lo mismo que con los últimos temporales.
El sector comercial cerró con un buen índice en esta última etapa pues, especialmente en la zona del microcentro, donde se registra el mayor movimiento comercial, hubo una buena venta por la llegada masiva de turistas. Al menos en los últimos cuatro meses se tuvo un pequeño repunte, pero la preocupación sigue latente con la perspectiva de la habilitación de los Duty Free en Foz de Yguazú. Existen varios empresarios que ya entendieron las nuevas perspectivas del turismo de compra y están logrando buenos resultados. El negocio de las grandes ventas de productos ilegales, piratas y los sacoleiros definitivamente tiende a desaparecer, o por lo menos a reducirse al mínimo. Es por ello que hay que seguir apostando al negocio legal y la formalización de las actividades en el microcentro. Los gremios de empresarios tienen gran responsabilidad en ese sentido, y en un arranque de coherencia deberían ser los primeros interesados en la formalización y la legalidad si pretenden sobrevivir en el nuevo contexto.
Se percibe un gran deseo de cambio en la ciudadanía. Años y años de corrupción e ilegalidad, que solamente beneficiaron a un reducido grupo de poderosos de la región hastiaron a los altoparanaenses. Los resultados de las últimas elecciones demuestran precisamente ese deseo de cambio. Es de esperar que en el 2018 se profundice realmente ese proceso de cambio y sobre todo de limpieza moral de la sociedad y de las instituciones. Es el momento de rescatar los valores de la honestidad y la decencia. En nuestra sociedad, los delincuentes y sinvergüenzas son los que tienen la voz cantante y la ciudadanía decente debe agachar la cabeza y dejarles el terreno libre. Es el momento de terminar con toda esta inmundicia, ubicando en los lugares de decisión a los mejores hombres y mujeres que ya no avergüencen al departamento y se recupere el orgullo de pertenecer a una región caracterizada por el culto al trabajo y el desarrollo. Que el 2018 sea realmente un año de realizaciones para todas las familias del Alto Paraná.

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