Arranque de honestidad

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El concejal y aspirante a gobernador por el movimiento Cruzada Nacional, Celso Miranda “Kelembu”, desempolvó la semana pasada una ordenanza del año 2002, para recordar a los agentes de la Policía Municipal de Tránsito (PMT) la prohibición de multar a turistas extranjeros. La ordenanza N° 23/2002 dispone que los vehículos de turistas provenientes del extranjero quedan exonerados de la aplicación de multa o sanción por infracciones en el tránsito.
El concejal Miranda cuestionó que la actual administración municipal y los policías de Tránsito, a cargo del comisario Silverio Méndez, sigan multando a los turistas sin considerar la prohibición establecida en la ordenanza N° 23/2002. Dicha reglamentación señala que los automovilistas extranjeros serán guiados por los agentes del PMT acorde a las reglamentaciones del tránsito y advierte que los funcionarios que incumplan la orden serán sancionados.
Las normas de tránsito son similares en todo el mundo, no existen reglamentaciones que sean únicas de Ciudad del Este, por lo tanto, deben ser respetadas por propios y extraños. Lo que puede ocurrir es que algún extranjero por desconocimiento de los sentidos de la calle u otro tipo de desatenciones puedan cometer algunas infracciones. Lo normal en las ciudades turísticas suele ser la consideración con los infractores y una advertencia para casos de reincidencia.
Lo que se tiene en Ciudad del Este es el histórico comportamiento mafioso de la Policía Municipal de Tránsito, comportamiento que siempre fue avalado por la administración Zacarías, que de la noche a la mañana ahora tuvo un repentino arranque de búsqueda de honestidad. ¡¡¡Enhorabuena por la transformación!!! Pero también hay que reconocer la tremenda falta de información para los visitantes. Las calles no están correctamente señalizadas y los policías de tránsito siguen sin incorporar el chip de la honestidad, la decencia y la cortesía, que tienen que caracterizar a los servidores públicos.
Los policías municipales deben ser capacitados no solamente en materia de normas de tránsito sino también en urbanidad y sobre todo, estar preparados para orientar a los visitantes.
Si no hay un cambio profundo y sobre todo, un cambio de estructura y de mentalidad, todos los discursos y los intentos de buena imagen irán por la borda, porque en la primera oportunidad reflotarán la coima y la corrupción, que siempre imperó dentro de la institución. Y por más buenas intenciones que tengan ahora las autoridades municipales, cuando se quiebra la confianza hasta las más buenas obras siempre siembran un manto de dudas.

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