Ante un gran desafío

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Las elecciones generales de ayer confirmaron lo que las encuestas venían anunciando. No hubo sorpresas. Según informes dados a conocer por el Tribunal Superior de Justicia Electoral, el Partido Colorado logró retener el poder y Mario Abdo Benítez sucederá a Horacio Cartes en la conducción del país el 15 de agosto del 2018.
Abdo Benítez, de 46 años, es un político que se hizo camino sin el padrinazgo de grandes líderes como ocurriera en otras ocasiones, pero carga con el estigma de la dictadura pues es hijo del exsecretario privado de Alfredo Stroessner.
A nivel regional se impuso Roberto González Vaesken, también del Partido Colorado. A diferencia de Abdo Benítez, es un outsider que en las internas superó a dos políticos de dilatada carrera. Forma parte de la facción del electo presidente de la República y hasta ahora solamente era conocido por su trabajo en el sector educativo.
Las gobernaciones fueron creadas por la Constitución en 1992 para descentralizar el Estado. Sin embargo, con los años se fueron convirtiendo en pequeños feudos de los grupos políticos regionales que se aprovecharon de los millonarios recursos para beneficiar a la clientela política, robar descaradamente las arcas del Estado y volverse multimillonarios. Los ejemplos sobran, por sobre todo en el Alto Paraná.
El presupuesto actual del décimo departamento es de más de 124.700 millones de guaraníes por lo que recursos no faltan. Es una de las regiones más ricas del país donde todo está aun por hacerse y existen necesidades básicas insatisfechas.
Solo por citar, Ciudad del Este, la capital departamental ribereña del río Paraná tiene graves problemas de provisión de agua potable; está a escasos kilómetros de una de las represas más grandes del mundo pero tiene un deficiente servicio de energía eléctrica; y ni hablar de salud, educación y camino de todo tiempo, esto último imprescindible para que la producción llegue a los mercados de comercialización.
El nuevo gobernador tiene un gran desafío. Todo dependerá de su capacidad de gestión; y de su habilidad para desprenderse de sectores de su propio partido para liderar las inversiones en el departamento de acuerdo a las necesidades, buscar beneficiar efectivamente a la población y no caer preso de los grupos de inescrupulosos que siempre esperan agazapados dar el zarpazo para seguir llenándose los bolsillos a costa del erario público como ocurrió hasta ahora.
Es de esperarse que el nuevo gobernador tenga la valentía necesaria para luchar contra los males enquistados en la administración regional y saque adelante a esta rica región. El pueblo paranaense se lo merece.

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