Los indígenas y el turismo que lucra con su imagen

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En Paraguay existe una serie de lugares, que se valen de la historia y la imagen de los pueblos indígenas, para erigirse como atractivos turísticos nacionales. Podemos mencionar a las Misiones Jesuíticas, el Museo de la Tierra Guaraní de la Itaipú Binacional y el recientemente inaugurado Circuito Vivencial del Mundo Guaraní. En estos tres lugares, visitantes locales o extranjeros, acceden a la historia y la cultura de los pueblos indígenas mediante un relato contado por otros, no precisamente por sus protagonistas. En estos espacios, no son ellos, los Mbya, los Ava, los Aché, quienes cuentan su historia.
En el museo de la Tierra Guaraní de la Itaipú los indígenas están representados con muñecos, como piezas inertes, como si hubieran quedado en un pasado lejano, como si no estuvieran vivos en este mismo territorio. Una guía cuenta sus formas de vida con ligereza, sin la mínima noción de la cosmovisión indígena. Duele saber, que fuera de ese museo que se promociona internacionalmente para atraer turistas, existen comunidades indígenas que sobreviven en la más absoluta miseria.
El Estado paraguayo a través de la Secretaría Nacional de Turismo, realiza toda una campaña de marketing promocionando nuestro país a nivel internacional, valiéndose de la historia y la cultura de los guaraníes. Sin embargo, ningún centavo del dinero que mueve la industria turística nacional llega a sus comunidades.
En Itaipú, el Museo Científico Moisés Bertoni, en las Misiones, hay algunos nativos vendiendo artesanías. Probablemente otros también tendrán espacio en el Circuito Vivencial del Mundo Guaraní. Sin embargo, vale preguntar si alguna vez, sus voces serán contempladas en los relatos, si el turismo que lucra con su imagen alguna vez traerá algún beneficio para mejorar sus condiciones de vida.
Con la conquista genocida de los españoles ellos perdieron sus tierras, el derecho de vivir de acuerdo a su cosmovisión. Hoy son víctimas de la colonialidad, de vivir bajo las reglas de un sistema foráneo, en un Estado que no los reconoce como pueblos autónomos y que además, explota a sus pocos sobrevivientes, obligándolos a exponer su cultura y sus dolores.

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