Negociando con la ilegalidad

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Desafortunadamente nuestra sociedad está tan marcada por la convivencia diaria con la ilegalidad y la corrupción que al parecer no solo se acostumbró a convivir con ellas sino la asumió como una situación normal. En la semana, en Ciudad del Este un grupo importante de personas que se dedican al contrabando, una actividad absolutamente ilícita, comenzó a presionar para que se permita, al menos por un tiempo, el ingreso al país, de mercaderías cuya importación está prohibida.
Los ilegales estaban furiosos porque el Departamento Técnico de Verificación Aduanera (Detave) implementó rigurosos controles en la cabecera del puente de la Amistad por donde a diario ingresan de contrabando miles de kilos de productos de todo tipo y acogota a la producción nacional. Los rubros históricamente más golpeados son los de azúcar, frutihortícolas, y pollos.
El jueves ya se registró incidentes entre los funcionarios de los entes de control y las personas que a toda costa quieren imponer la ilegalidad. La presión fue tan grande que los contrabandistas hasta lograron una reunión con el Director de Aduanas, Julio Fernández.
Ciudad del Este es uno de los puntos de mayor ingreso de mercaderías en forma ilegal al país sin ningún control. Es un negocio que mueve millones y beneficia no solo a los que traen los productos sino también a los funcionarios de los entes de control, como ser Aduanas, Detave, y hasta la Marina. La mafia empotrada en la Aduana sobrevivió a todos los gobiernos y son los mismos de siempre que van rotando en diferentes puestos y nunca hubo un cambio. Los beneficiarios de esta mafia no solamente son los funcionarios públicos, también les llega los beneficios a los políticos de la región que amparan la ilegalidad y son los padrinos de los delincuentes funcionarios .
El control fronterizo es considerado una mina de oro, especialmente por los funcionarios públicos inescrupulosos y sus padrinos. Aquí la mayoría de los que llegaron a ocupar un puesto en todos estos años, terminaron millonarios gracias a las coimas que se cobran por hacer la vista gorda al tráfico ilegal de todo tipo de productos, desde y hacia el Brasil.
Los aduaneros que pasaron por Ciudad del Este, casi sin excepción, se hicieron de mansiones, se pasean en vehículos lujosos y sus familias vacacionan en las mejores playas del mundo; mientras el contrabando año a año genera el cierre de industrias nacionales o deja en la miseria a miles de productores que durante todo el año trabajan de sol a sol para obtener una buena producción, pero a la hora de vender no consiguen mercado debido a la competencia desleal de lo que ingresa ilegalmente y casi oficialmente por todas las Aduanas del país.
Lo que el director de Aduanas tiene que hacer es barrer con toda esta ilegalidad. Combatir a los funcionarios corruptos, apoyar el control estricto; y no estar perdiendo el tiempo en conversar con gente que no hace otra cosa que perjudicar al fisco, y a la gente trabajadora.
Julio Fernández no debe dar el brazo a torcer. El control que se realiza es absolutamente necesario para la salud de la economía. Alguna vez nuestro país tiene que comenzar a transitar el camino de la legalidad.

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