Los narcotraficantes y sus protectores

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La opinión pública nacional se escandalizó ayer porque en una aparente disputa de bandas de narcotraficantes, un atentado en plena capital del país le costó la vida a un niño de cinco años y a su padre, quien al parecer tenía vinculaciones con conocidos traficantes de la zona de Pedro Juan Caballero. Nuestro diario viene advirtiendo desde hace años del peligro que significa para toda la sociedad el fortalecimiento del narcotráfico en el país. Desde hace años grandes extensiones de nuestro territorio están dominados por la mafia del narcotráfico. Se sabe que existen zonas liberadas por las mismas autoridades, donde la producción y el procesamiento de la marihuana se toma como un hecho social normal, porque las familias campesinas dependen de este “rubro para sobrevivir”.
Antes esta realidad social se reducía a la zona de Capitán Bado en Amambay, pero después se expandió hacia Concepción, San Pedro, Caaguazú y Alto Paraná.
Esta condición de territorio liberado también se volvió propicia para el tránsito de drogas provenientes de otros países como la cocaína que encuentra en nuestro país una zona libre que sirve de puente para el tráfico internacional.
Con el dinero del narcotráfico desde hace años se financian candidaturas para la administración del Estado. Así los capos de las drogas tienen sin pudor representantes en el Congreso y defensores en diferentes ámbitos. Groseramente se sigue postergando por ejemplo la ley de financiamiento político, porque muchos de los que están ahora en el poder son peones de los narcotraficantes y en otros casos, los mismos narcos accedieron a cargos electivos, como el caso de Vilmar “Neneco” Acosta, quien llegó a ser intendente de Ypehú y está sindicado de ser autor moral de la muerte del periodista Pablo Medina. Acosta utilizaba la sede de la municipalidad como depósito de marihuana y llegó al poder de la mano de políticos que ahora están aspirando a ser senadores de la Nación. Los padrinos y amigos de Vilmar Acosta están en el poder y le deben favores.
Si nuestra sociedad no limpia la política de los delincuentes protectores de narcotraficantes, la narcopolítica seguirá manejando los hilos del poder, corrompiendo aún más las instituciones. Más temprano que tarde, las consecuencias de violencia y destrucción moral de la sociedad terminaremos pagando todos. Los últimos hechos de violencia son solamente una llamada de atención. Es de esperar que la sociedad comience a reaccionar.

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