Abuso de marinos

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Los militares de la Base Naval de Ciudad del Este son una vergüenza para la nación. Groseramente a diario denigran el uniforme cobrando coimas a los paseros contrabandistas, que introducen mercaderías al país en motocicletas. Nuestro diario había documentado con fotografías cómo recaudaban a plena luz del día la coima de los contrabandistas.
Cuando se hicieron públicas las denuncias perfeccionaron el sistema de cobro de la coima, pero igual lo siguen haciendo, de otra forma no se explica el impune cruce de cientos de mercaderías por el paso fronterizo.
La ribera del Paraná, lado paraguayo (y de hecho también hacia el Brasil) está minada de puertos clandestinos, por donde se trafican toneladas de productos de contrabando y mercaderías ilegales. Estos puertos son dominios de la mafia fronteriza y de los grupos criminales. Para peor del caso, algunos de estos puertos tienen hasta custodia policial. La Prefectura de la Base Naval tiene la función de ser policía de los ríos. Es decir, su principal función es la patrulla y la defensa de la soberanía por agua. Sin embargo, estos puertos clandestinos operan impunemente gracias a la protección y complicidad que le brindan los militares de la Marina.
Ayer, dos efectivos de la Base Naval, con el uniforme, perpetraron una de las aberraciones más graves en la democracia, al someter a tortura a dos menores de edad, a plena luz del día en el Puente de la Amistad. El pecado de los jóvenes es captar clientes para los comercios del microcentro, labor que desde hace un tiempo fue estigmatizado por los “empresarios” amigos de la administración municipal y que tienen celos de perder clientela por la labor de los promotores de venta. Se desató una persecución a base de una dudosa ordenanza y se están realizando detenciones arbitarias y ahora se llegó al extremo de la tortura. Los responsables de estos abusos, los autores materiales y quienes estén ordenando esta persecusión desde la sombra, deben ser investigados y llevados a la justicia. Están perpetrando las más terribles violaciones de derechos humanos fundamentamentales, amparados en la impunidad que siempre caracterizó a la claque de amigos que maneja el poder político y económico en nuestra región.
Los militares de la Base Naval deben custodiar el río Paraná, principal punto de paso de mercaderías ilegales que hace que vergonzosamente los brasileños nos endilgan cada día el mote de contrabandistas y traficantes, porque nuestras autoridades no hacen nada para combatir la criminalidad fronteriza. Los marinos no están para hacer de represores de “pirañitas” ni hacer de vasallos de contrabandistas y piratas. ¡¡¡Dejen de denigrar el uniforme!!!

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